La barbacoa: Dieguito Brigante (II)

ATENCIÓN: Si antes de leer esto no has leido La primera parte de Jotadé y la de Dieguito Brigante respectivamente, hazlo, sino no entenderás gran cosa.

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Lo primero que hice fue quitar las salchichas que nadíe había cogido. La seis primeras las tiré a la piscina, que como daba un canteo horroroso, pues decidí darselas al perro. Se las tiré a la puerta de su perrera donde descansaba. Que bella es la vida de una perro. Comes, paseas, coges palito y/o pelotas; y sobre todo lo más importante: Puedes lamerte la pelotas (¿deja vu?) y oler el culo a tus compañeros si que nadie te mire mal. El maldito perro rechazaba mis salchichas ¿Como se atrevía? Paré al del tic en el ojo y le pregúnté.

– Eh, ¿has visto ese perro lo que se parece a un gato?

– Es que eso es un gato.

– Hostias, po’ no veas si se parece a un perro.

Una vez me deshice de ese lastre que son las salchichas, me puse con mis ansiadas hamburguesas. Lo bueno de dominar una barbacoa es que controlas lo que come cada uno y, lo más importante, decides lo comes tú. Mi táctica es sencilla: Una para el grupo, otra para mi. Cuando me había comido 27 hamburguesas, vi aparecer a Jotadé con la cara revenida. Buscaba algo con la mirada, no sé exactamente el qué.

Con el despieste, se me cayó una hamburguesa al carbón. Con la máxima discreción, planeé un estrategia megainteligente, casi inteligentérrima (Marta ;)) diría yo. Entonces, a lo Jony English, con mucho sigilo me propuse a rescatar a mi pequeña soldado Brian y tras una breve y silenciosa onomatopeya levanté la rejilla.

– ¡SU PUTA MADRE! ¡AH! QUE ME QUEMO COÑO, QUE ME QUEMO.

– ¿Qué te pasa?¿Estás bien? – Dijo un otaku que había por allí.

– No, no. Es que me imaginado a esa desnuda y creía que estaba en el infierno – Interpuse mientras rápidamente me colocaba delante de la barbacoa para que nadié viese la hambuerguesa.

En ese instante, la rescaté y la metí en un apetecible pan de hamburguesa. La puse en el plato comunitario y le llegaron el turno a los pinchitos. Todo el mundo sabe, al igual que las hamburguesas han de ser las pioneras, los pinchitos es un plato indispensable en toda barbacoa. Lo pinchitos tienen un trasfondo y un significado más allá de lo que gente puede imaginar. Para un hombre es lo más cercano a una orgía. Coges el palito, que es símbolo del miembro viril y atraviesas un cacho de carne, que representa a la mujer. Cuando la has dejado satisfecha, atraviesas otro cacho de carne… y luego otro… y otro… y cuando crees que eres un superhombre por haber llevado a cabo tamaña hazaña, vas y lo tuestas. No veo mayor fantasía que después de acostarte con un mujer, poder quemarla. En ese momento Jotadé se acercó a mi puesto de mando.

– Tengo hambre, ¿Dónde hay comida?

– Ahí te guardado una hamburguesa, la mejor que me ha salido. El mojo picón se ha acabado – Dije mienténdole

Cuando le dió el bocado a aquella inmunda hamburguesa, volvió a poner esa cara revenida con la que antes se había quedado un rato parado. En ese momento me di cuenta de una cosa: Nadie se acercaba a mi, cosa rara dado mi alto carisma. Se lo comenté a Jotadé a lo que me respondió con una de sus típicas frases de “hay una ley no escrita que dice…” para justificar este hecho. Apuesto a que se cree superingenioso cuando suelta una de esas perlas. Acto seguido, vimos como los chicos mantenían un acalorado coloquio sobre lo que, desde fuera, parecía un tema interesantísimo.

– Eh eh eh ¿Ocurre algo? – Intervino Jotadé

– Estábamos debatiendo por cuanto se dejaría dar por culo cada uno

– Yo no me dejaría dar por culo ni por 100 millones

– Pero quien va a pagar 100 millones para follarte el culo a ti, ¿eh? – Sentenció Jotadé

– No, si aquí lo que falta es dinero y sobran maricones – Añadí

Con tanta comida en mi estómago, necesitaba algo isotónico que recorriera mi traquea y me refrescara el gaznate. Como siempre ocurre en estos casos, se busca al dueño, dueña en este caso, del sitio en cuestión. No encontraba a la caracrátrer, así que paré a su prima, esa rubia que quitaba el hipo y le demandé algo fresquito que aliviara mi pesadez. Las mujeres guapas siempre me ponen muy nervioso cuando hablo con ellas frente a frente.

– Perdona, ¿tienes hipo?

– ¿Cómo?

– ¿Que si sabes a qué huelen las nubes? Quiero decir… ¿No hay cerveza por aquí?

– No, creo que no hay

– ¿Y tinto?

– Tampoco. Ahí hay una garrafa de agua.

– ¿Agua?¿Es que tienes sed o qué?

Al final, el bueno de Jotadé consiguió apropiarse de 7 botellas de seven up, 4 de pepsi, 3 de kas de naranja y un vaso de un líquido amarillento. Volvimos a nuestra posición y seguimos comiendo como bestias.

– Mira, la rubia me ha dado esto especialmente para ti, dice que es kas de manzana.

– Que asco, está caliente ¿Qué mierda es esta?

– Eh, eh. Te está mirando, la tienes en el bote, casanova.

La mierda esa de kas me había dejado medio muerto y después de haber ingerido más de 37 kilos de carne cada uno, decidimos parar con los entrantes y hacer un descanso tabaquil. Mientras tomábamos el aire tranquilos, un chaval medio calvo y bastante osado cogió un pinchito que había dejado a la mitad en mi plato mientras realizaba mi descanso.

– Ey, ¿No vas a comerte eso?

– ¡Eh! ¡En la puta vida! ¿me oyes? ¡En la puta vida vuelvas a tocar mi comida!

– Perdón, perdón…

– Hay dos cosas en la vida que Dieguito Brigante no comparte: Una: Mi comida. Dos: Las mujeres. ¿Entendido? Ahí en la piscina quedan algunas salchichas, sírvete tu mismo. – Sentencié y volví a tomar asiento. Con frase cargadas de tanto ingenio nadie tiene respuesta. Siempre guardo estas frases para momentos oportunos.

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Las Autoridades santitarias advierten que tocar un pinchito de Dieguito Brigante puede ocasionar la muerte y además afecta a las personas que se encuentran a su alrdedor. Por tu salud, no juegues con los pinchitos.

CONTINUARÁ…

  1. #1 por da souza el febrero 16, 2009 - 10:15 pm

    conozco muy bien esa cara de revenido de jotadé , jajaja

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