Walking Gayer

Salí de Madrid sobre las once la noche. Deseando por fin llegar a Sevilla después de varias semanas fuera de casa. Viajar en coche siempre se me hace largo, a pesar de que al volante soy conocido como el hijo del viento, por la manera que tengo de conjugar la velocidad con la elegancia en la conducción y por la gran cantidad de flatulencias que soy capaz de soltar en un viaje sin ton ni son.

Durante el viaje me acompañaba mi colega el pedazo de cerdo, una de esas personas que tienen un don con las mujeres a pesar de tener Facefoot en lugar de Facebook. Es el típico rompe bragas que no sabes como lo hace pero siempre tiene quince tías dispuestas a recibir una puñalada de carne por su parte. El viaje, sin embargo,  se me hizo ameno ya que estuvo contándome sus hazañas discotequeras, la facilidad que tenia para hacerle el famoso puente a las mujeres o como el rompía el hielo con las feas, lo hacia contra sus caras. Tambien tratamos algún que otro tema de actualidad, pero vi que no estaba muy puesto y lo dejamos:

–          JD: Pedazo de Cerdo, ¿Que te parece lo de los bancos con las hipotecas?

–          PdC: Que son unos cabrones, los hipopótamos también tienen derecho a pasárselo bien, y es de hijos de puta que le quiten sus discotecas.

Deje al pedazo de cerdo en su casa, una pedanía a unos veinte kilómetros de Sevilla, y entrando por el puente del Alamillo por fin llegue a la ciudad a eso de las tres y media de la madrugada. Fue nada mas cruzar el puente cuando comenzó todo…

Las calles estaban vacias, totalmente en silencio. Coches destrozados tras haber colisionado contra las paredes ardian dando un halo infernal a las silenciosas calles.

Una gigantesca bandera del Orgullo Gay ondeaba con toda su pluma en plena Glorieta Olímpica. Atraidos por el olor de la gran cantidad de  PACHA IBIZA con la que me habia rociado antes del viaje,  las calles de la ciudad se empezaron a llenar de mariquitas zombies pidiendo carne hetero de manera descontrolada. Nervioso busquê el palo de cambiar a la gente de orientación sexual pero no lo encontré, debi olvidarlo tras mi encuentro con Guti.

Busque mi móvil y llame a Peligro, mi compañero de fechorias en Madrid, el cual llevaba ya una semana en la capital de Andalucía y quizas podría darme las novedades sobre lo que estaba ocurriendo.

–          Peligro: ¿Alo?

Colgué. Era demasiado tarde, el virus le había afectado. Mi única esperanza era el de siempre, Dieguito Brigante, su hombría tenia que ser inmune a la infección.

Conduje hasta Zapillo Street. Cientos de carrozas multicolores encabezadas por travestis de dos metros intentaban sacarme de la carretera amenazando con taladrarme el callejón de la peste, los esquive como pude manteniendo a salvo mi virginidad.

Ya en Zapillo pude ver como un hombre alto y musculado (por la perfección de su musculatura se veía claramente que había estado sometido al duro entrenamiento del P90) se liaba a golpes fulañeros contra una marabunta de seres empalmados dispuestos a desflorarlo. Era Dieguito y estaba en apuros.

Baje del coche y corrí al garaje, monte en la Suzi y arranque el motor haciéndolo rugir como en los viejos tiempos. Alzando el león amarillo espante a las locas, logrando un chance de escape para mi buen amigo montándose este rápidamente como paquete Torres, saliendo los dos por ruedas de allí.

–          JD: ¿Qué coño pasa aquí D?

–          D.Brigante: Ni idea J. al principio estaba bien, cuando los maricones empezaron a dominar la ciudad yo me alegre había muchas tías para mi insaciable polla, todas me iban a querer a mi, las inseminaría a todas creando así la raza perfecta MUAHAHAHAH. Pero luego todo se torció.

Inmediatamente hicimos trabajar al máximo esplendor nuestras privilegiadas mentes, buscando la panacea para la enfermedad. El primer paso para que las tetas volvieran a saber que estábamos en el mercado como buenos machos alfa era cambiar la bandera que se alzaba majestuosa en el cielo de la ciudad.

Con el cambio de bandera los hombres volvieron a ser hombres, se veía como todos se frotaban los ojos  y entraban en un trance curioso mientras miraban la bandera. El efecto fue inmediato y miles de mujeres salieron en Top Less de sus casas pidiendo carne fresca. Habia tantas mujeres en pelotas que Diego no tenia sabo para todas.

Armados con escopetas acabamos con toda resistencia  e intento homogayer de cambiar la bandera. Porque ya se sabe que dos tetas tiran mas que dos carretas.

Y así amigos, es como salvamos la raza humana una vez mas.

Pdt: Clave de humor, quien se lo tome mal que se meta por el culo el platano de la amistad y sople.  Vera el mundo mejor que si se come un Oll Bran de Kellogs.

Pdt: Las faltas de ortografia en los acentos es porque el teclado esta mal configurado y por la crisis no hay manera de arreglarlo hasta que nos rescate Alemania.

  1. #1 por Diego Brigante el agosto 11, 2012 - 5:51 pm

    Que bueno, no puedo parar de reirme.

  2. #2 por pololoss el octubre 5, 2012 - 6:06 pm

    Ha vuelto, tarde, al igual que tarde lo he leido, pero eso no quita la grandiosidad del gran descubrimiento científico que has hecho ni la cantidad de mariconas que existen.
    Grande JD.

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